Mi colega el rencor

Nov 2, 2013   //   by Nuria Ros Cubel   //   Artículos  //  Sin comentarios

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Roma 2 de Noviembre de 2013

templo vestales RomaCondicionada la vida al rencor y a la memoria deformada y desvirtuada por los protagonistas, ni tan siquiera en la mayoría de as ocasiones conscientes de su «gran papel«.

Pasa el tiempo, transcurre la vida anclada en escollos que van enquistándose en el alma. Se recrea o se actúa pensando en la supuesta justicia, apelando a la terrena y a la divina, pero al final de esta carrera sólo se arrastra una inmensa cadena al cuello.

Tristeza, impotencia, rabia, desolación, parecen pagos livianos en pos de la reivindicación, y los minutos, las horas, los días, las semanas, los meses, años, lustros y décadas van estratificándose, desgarrando.

Existen tantas presentaciones para eludirse de verse a uno mismo. Volcarse sin pausa ni respiro en un trabajo, engancharse a una adicción de turno, de éstas las hay variadas, incluso algunas con buena aceptación social. Cerrarse con una resistente coraza ante las emociones, las propias y las ajenas. Oportunas depresiones que se van cronificando. La repetición a modo de escudo de «fotografías familiares» que pueden hacer creer que «todo va bien». Y como dicen los clásicos mientras tanto «el tiempo transcurre inexorable», como la arena se escapa de las manos.

Colocarse frente al espejo de uno mismo y cuestionarse, hoy con quéme voy a engañar?, es un paso decisivo de evolución personal, mirar hacia dentro hasta hallar el vacío original, quizá para muchos esto sea una heroicidad y para otros sencillamente una loca temeridad.

Búsquedas y más búsquedas en alternativas llamadas espirituales, puede ser incluso con la más genuina y sana intención, pero cuántos se desvían de nuevo del auténtico recorrido: «uno mismo». Lo que denominan alta energía y vibración se va transformando en capas de pintura plástica del espíritu pero con la convicción de la posesión de la verdad. Vieja entelequia de la humanidad, fuente y germen de disputas, manipulaciones, guerras, destrucción en nombre del «bien», ¿qué bien? ¿y para quién?

Somos tan creativos los seres humanos, tan generosos en nuestras mùltiples alternativas para tapar «nuestros agujeros», argumentamos y contra argumentamos. Dejamos legados, llenamos bibliòtecas (hasta de piedra). Somos arduos trabajadores, hasta los vagos, los dejados y abandonados sostienen tesis de alimentaciòn de sus actitudes oclusoras de la angustia del vacío.

Y al final de tanta retórica, en pro o en contra, ¿qué queda?: el ser humano con sus incongruencias y buscando con anhelo cubrir su vacío.

El vacío es una oportunidad, dicen desde milenios los orientales, no una terrorífica punición, pero ahí andamos muchos con nuestra particular batalla detrás de él, o quizá peor autoengañándonos con alguna oferta de la moda del momento.

Hasta que podamos alcanzar la ansiada elevaciòn, primero deberemos contactar con el «humus» de nuestra raíz terrenal, acceptación y conocimiento de nosotros mismos, de nuestros límites, de ser asertivos, del aprendizaje sabio de nuestros errores para poder tener la cacareada «resilencia».

Las facturas que se pagan por nuestros albaranes vitales firmados son enfermedades físicas y psíquicas que no tienen la clave mágica ni con el bisturí ni con los fármacos.

En su fase inicial en nuestro ámbito occidental le llaman a algunas dolencias psicosomáticas y de malos hábitos y con el tiempo se convierten en etiquetas permanentes.

El llamado rencor, o como muchos prefieren «yo perdono pero no olvido» es uno de los venenos a largo radio más potente y eficaz.

Acaso estoy esgrimiendo el «pon la otra mejilla», no. Pero sí que propongo, enfrenta ese cáncer del alma, de tu mente, introspecciona y hazte consciente cuál ha sido tu propia elección y responsabilidad y cierra capítulo para continuar el libro por escribir de tu vida con mayor serenidad y bienestar personal.

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