Depresión como oportunidad y detención en el camino

Jul 10, 2012   //   by Nuria Ros Cubel   //   Artículos  //  Sin comentarios
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Depresión como oportunidad y detención en el caminoFrecuentemente oímos la expresión “estoy deprimido”. Ha entrado a hacer parte del uso coloquial. Pero, ¿qué es la depresión? Clínicamente es un trastorno psíquico-físico que puede alcanzar niveles de gravedad serios. Si de una parte el empleo del término puede llegar a ser trivial y manido, de otra es cierto que muchos estados leves de depresión pueden pasar desapercibidos por años, no siendo tratados ni diagnosticados, y dejando una etiqueta en la persona afectada de tristona, pesimista, introvertida, peculiar, carente de carácter…

Aunque parece que a nivel estadístico no se reflejan los datos numéricos de este mal, si que se conoce desde el campo clínico un aumento en las últimas décadas de los diversos estados depresivos, no estando exenta la población infantil y siendo la cifra “in crescendo” en la población anciana y en algunos sectores laborales. Seguramente, aunque es información reservada, la S.S podría aportar luz al tema y confirmarlo por el número de bajas laborales atribuidas a este trastorno, y su consecuente costo personal y social.

Expertos en el tema como el profesor Rojas empiezan a sostener que exista un trastorno de personalidad tendente a la depresión.

Tampoco se habla lo suficiente que la depresión es compañera de viaje en numerosas ocasiones y encubridora de otros trastornos y situaciones no enfrentados. Así como la información de los efectos de los psicofármacos usuales en los tratamientos psiquiátricos no resulta exhaustiva, y que tales productos químicos se pueden convertir en paliativos de larga duración, conduciendo a un “callejón sin salida”. No queremos decir con ello que en momentos puntuales y siempre considerando a la persona singular no sean necesarios, pero no son la panacea.

Raramente, por no decir que nunca, se observa a la depresión como una “detención en el camino”, o aquella oportunidad de la cual la persona puede obtener fruto y aprendizaje, con el diagnóstico y la ayuda profesional psicológica adecuada, resurgiendo con una mayor fuerza y conocimiento de sí misma y sus necesidades. Obviamente no es que sostengamos que es un estado ideal, pero sí que se puede salir y además enriquecido.

Desde una perspectiva integradora, el tratamiento de la persona afectada abarcaría no sólo al interesado/a como singular individuo sino a su interacción con el medio y sus ámbitos, sin descuidar su aspecto espiritual, siempre respetando y acompañando al nivel de conciencia en el que se halle la persona, y con el objetivo de lograr la armonía clásica de cuerpo/mente.

Tanto familiares, como la pareja y los amigos se sienten perdidos en tantas ocasiones y sin saber qué hacer con la persona deprimida ni cómo comportarse, incluso con más frecuencia de la deseada reaccionando negativamente o resignándose, por este motivo pensamos en la importancia trascendente que tiene asesorar y trabajar psicológicamente con el medio afectivo del deprimido/a, con la posibilidad de mejorar la calidad de las relaciones.

Si es un estado de tristeza profunda y un paro o lentificar, según el caso, de la vida cotidiana habitual, un mirar la vida “con las gafas obscuras” pero también la ocasión de habiendo tocado fondo emerger a la superficie con más recurso.

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